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Calculadoras

Crecimiento del capital

Evolución del capital a largo plazo.

Qué hace. Esta herramienta simula año a año cómo evoluciona tu capital con aportaciones periódicas. Lo revelador no es la cifra final sino ver en qué momento el rendimiento acumulado supera a lo que has aportado.
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Cómo usar Crecimiento del capital

  1. Introduce el capital inicial y la aportación periódica.
  2. Fija el plazo y la rentabilidad esperada.
  3. Observa la evolución año a año.

El punto de inflexión

Es el dato más interesante de la simulación y casi nadie lo mira.

Durante los primeros años, la mayor parte de tu capital procede de lo que has aportado tú. El rendimiento es una fracción pequeña.

Llega un momento en que se cruzan: el rendimiento acumulado supera a las aportaciones acumuladas. A partir de ahí, tu dinero aporta más que tú.

Ese punto suele situarse bastante más adelante de lo que la gente espera, con frecuencia entre el año quince y el veinticinco según la rentabilidad.

Y explica dos cosas. Primera: por qué los primeros años parecen decepcionantes y mucha gente abandona justo antes de que empiece lo bueno. Segunda: por qué empezar pronto pesa tanto, ya que lo que te da el efecto es el tiempo transcurrido, no el importe.

También explica por qué interrumpir y retomar es tan costoso: no pierdes solo las aportaciones de esos años, pierdes todos los rendimientos que habrían generado hasta el final.

Aportar de forma periódica

La forma de aportar tiene efectos que conviene entender.

Aportar una cantidad fija cada mes hace que compres más participaciones cuando los precios están bajos y menos cuando están altos. Eso suaviza el precio medio de compra.

No es una técnica que garantice más rentabilidad —estadísticamente, invertir todo de golpe suele rendir algo más si dispones del dinero— pero reduce el riesgo de acertar el peor momento posible y es mucho más fácil de sostener psicológicamente.

Para quien ahorra de su nómina la cuestión ni siquiera se plantea: aportas lo que va llegando.

Automatízalo. Una orden periódica el día después de cobrar funciona bastante mejor que la intención de invertir lo que sobre a fin de mes.

Y revisa la aportación al menos una vez al año. Si tu sueldo sube y la aportación no, estás ahorrando menos en términos reales cada año que pasa.

Los supuestos que importan

Los tres que más cambian el resultado.

La rentabilidad. Sé conservador: es tentador poner un número alto y ver una cifra final enorme, pero eso solo genera expectativas que luego no se cumplen. Y recuerda descontar la inflación para razonar en poder adquisitivo.

Los costes. Se restan directamente de la rentabilidad y son ciertos, a diferencia del rendimiento. Un fondo con gastos totales del 0,2 por ciento y otro del 1,5 producen resultados muy distintos a treinta años con la misma cartera.

La constancia. La simulación supone que aportas sin fallar. En la vida real hay años malos, y por eso conviene tener el fondo de emergencia aparte: sin él, la primera avería obliga a vender la inversión, muchas veces en mal momento.

Y una advertencia sobre las proyecciones: son aritmética, no predicción. Sirven para comparar escenarios y entender qué palancas mueven el resultado, no para saber cuánto tendrás.

Esta página calcula y no constituye recomendación de inversión.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo el rendimiento supera a lo aportado?

Suele ocurrir entre el año quince y el veinticinco, según la rentabilidad.

¿Es mejor aportar poco a poco o todo de golpe?

De golpe suele rendir algo más, pero aportar periódicamente reduce el riesgo de acertar el peor momento.

¿Por qué es tan costoso interrumpir?

Pierdes las aportaciones de esos años y también todos los rendimientos que habrían generado.

¿Qué supuesto es el más peligroso?

Una rentabilidad optimista. Sé conservador y descuenta la inflación.

¿Necesito fondo de emergencia aparte?

Sí. Sin él, cualquier imprevisto obliga a vender la inversión, a menudo en mal momento.

¿Se envían mis datos?

No.