Calculadora de hipoteca
Cuota, TAE y gastos de una hipoteca.
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Evolución del capital a largo plazo.
Es el dato más interesante de la simulación y casi nadie lo mira.
Durante los primeros años, la mayor parte de tu capital procede de lo que has aportado tú. El rendimiento es una fracción pequeña.
Llega un momento en que se cruzan: el rendimiento acumulado supera a las aportaciones acumuladas. A partir de ahí, tu dinero aporta más que tú.
Ese punto suele situarse bastante más adelante de lo que la gente espera, con frecuencia entre el año quince y el veinticinco según la rentabilidad.
Y explica dos cosas. Primera: por qué los primeros años parecen decepcionantes y mucha gente abandona justo antes de que empiece lo bueno. Segunda: por qué empezar pronto pesa tanto, ya que lo que te da el efecto es el tiempo transcurrido, no el importe.
También explica por qué interrumpir y retomar es tan costoso: no pierdes solo las aportaciones de esos años, pierdes todos los rendimientos que habrían generado hasta el final.
La forma de aportar tiene efectos que conviene entender.
Aportar una cantidad fija cada mes hace que compres más participaciones cuando los precios están bajos y menos cuando están altos. Eso suaviza el precio medio de compra.
No es una técnica que garantice más rentabilidad —estadísticamente, invertir todo de golpe suele rendir algo más si dispones del dinero— pero reduce el riesgo de acertar el peor momento posible y es mucho más fácil de sostener psicológicamente.
Para quien ahorra de su nómina la cuestión ni siquiera se plantea: aportas lo que va llegando.
Automatízalo. Una orden periódica el día después de cobrar funciona bastante mejor que la intención de invertir lo que sobre a fin de mes.
Y revisa la aportación al menos una vez al año. Si tu sueldo sube y la aportación no, estás ahorrando menos en términos reales cada año que pasa.
Los tres que más cambian el resultado.
La rentabilidad. Sé conservador: es tentador poner un número alto y ver una cifra final enorme, pero eso solo genera expectativas que luego no se cumplen. Y recuerda descontar la inflación para razonar en poder adquisitivo.
Los costes. Se restan directamente de la rentabilidad y son ciertos, a diferencia del rendimiento. Un fondo con gastos totales del 0,2 por ciento y otro del 1,5 producen resultados muy distintos a treinta años con la misma cartera.
La constancia. La simulación supone que aportas sin fallar. En la vida real hay años malos, y por eso conviene tener el fondo de emergencia aparte: sin él, la primera avería obliga a vender la inversión, muchas veces en mal momento.
Y una advertencia sobre las proyecciones: son aritmética, no predicción. Sirven para comparar escenarios y entender qué palancas mueven el resultado, no para saber cuánto tendrás.
Esta página calcula y no constituye recomendación de inversión.
Suele ocurrir entre el año quince y el veinticinco, según la rentabilidad.
De golpe suele rendir algo más, pero aportar periódicamente reduce el riesgo de acertar el peor momento.
Pierdes las aportaciones de esos años y también todos los rendimientos que habrían generado.
Una rentabilidad optimista. Sé conservador y descuenta la inflación.
Sí. Sin él, cualquier imprevisto obliga a vender la inversión, a menudo en mal momento.
No.