Generador de contraseñas
Contraseñas y frases de paso robustas.
Utilidades
Convertir entre XML y JSON en ambos sentidos.
XML y JSON describen cosas distintas, y roza en tres puntos.
Los atributos. En XML un elemento puede llevar atributos y contenido. JSON no hace esa distinción, así que los atributos reciben un prefijo —a menudo una arroba— para diferenciarlos de los campos normales.
La repetición. Un elemento que aparece una vez se convierte en un valor; el mismo elemento que aparece dos veces se convierte en una lista. La estructura de tu JSON cambia por tanto según cuántos hubiera en el XML, fuente clásica de errores en el código que lo procesa.
El orden y el contenido mixto. XML puede mezclar texto y elementos; JSON no tiene una forma limpia para eso.
Con XML sencillo y regular la conversión funciona bien. Con XML documental que lleva formato dentro del texto, no.
El XML sigue muy presente en España en los intercambios con la Administración, en la facturación electrónica y en sistemas de gestión antiguos. JSON se ha impuesto en las interfaces nuevas.
Los espacios de nombres se suelen incorporar al nombre de la clave al convertir. Produce claves largas, pero evita colisiones.
Al volver a XML, vigila la codificación: incluye la declaración explícitamente si el archivo va a un sistema que la comprueba.
En archivos grandes se aplica el límite habitual: todo ocurre en tu navegador, así que manda la memoria.
No se transmite nada, lo que importa en archivos de intercambio con datos personales.
Marcan los atributos de XML, que no tienen sitio propio en JSON.
Porque aparecía más de una vez. Con una sola aparición se convierte en un valor simple.
Con datos regulares sí. Con XML documental que lleva formato dentro del texto, no.
Se incorporan al nombre de la clave para evitar colisiones.
El límite es la memoria del navegador.
No.