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Interés compuesto con la fiscalidad del ahorro.
Los rendimientos del capital tienen en España su propia escala, separada de las rentas del trabajo.
Se integran en la llamada base del ahorro, que tributa por tramos progresivos, y esos tramos son sensiblemente más bajos que los marginales del trabajo para rentas altas.
Incluyen intereses de depósitos y cuentas, dividendos, y las ganancias patrimoniales por la venta de acciones, fondos o inmuebles.
Los bancos practican una retención a cuenta sobre intereses y dividendos, que después se regulariza en la declaración de la renta. La retención no es el impuesto final, solo un adelanto.
Un detalle español con mucha utilidad práctica: el traspaso entre fondos de inversión no tributa. Puedes cambiar de fondo sin tributar por la ganancia acumulada, y el impuesto se difiere hasta el reembolso definitivo.
Ese diferimiento tiene un efecto real sobre el interés compuesto, porque el dinero que no se va en impuestos sigue trabajando. Es una de las razones por las que los fondos son tan populares aquí frente a otros vehículos.
También puedes compensar pérdidas con ganancias dentro de los límites y plazos previstos, algo que mucha gente olvida declarar.
Esta página es informativa y no es asesoramiento fiscal.
El efecto no es lineal, y ahí está lo que casi todo el mundo subestima.
Interés compuesto significa que los rendimientos generan a su vez rendimientos. Los primeros años apenas se nota; después se acelera con claridad.
Como orientación sirve la regla del 72: divide 72 entre la rentabilidad en porcentaje y obtienes los años aproximados hasta duplicar. Al 6 por ciento, unos doce años.
Por eso el plazo es la palanca más potente, más que el importe de la aportación. Empezar diez años antes suele pesar más que duplicar lo que ahorras.
Y los costes son el único factor que conoces con certeza. Un punto porcentual de comisión anual parece poco y se come una parte considerable del resultado a treinta años. Pregunta siempre por los gastos corrientes totales antes que por la rentabilidad esperada.
Ojo con las comisiones de suscripción y reembolso y con las de depositaría, que se suman a la de gestión y no siempre aparecen en la publicidad.
Una calculadora vale lo que valen los supuestos que le metes.
Trabaja con rentabilidad real, no nominal. Un 6 por ciento con un 2 por ciento de inflación son unos 4 puntos de ganancia de poder adquisitivo, y eso es lo único que cuenta.
No supongas una rentabilidad constante. Los mercados fluctúan, y el orden de los años importa mucho cuando retiras en lugar de aportar.
Incluye el impuesto, pero en el momento adecuado: en fondos se difiere hasta el reembolso, mientras que en depósitos se tributa cada año.
Y haz la aportación dinámica. Una cantidad fija durante veinte años pierde peso real; subirla cada año con la inflación cambia el resultado de forma apreciable.
Esta página calcula y no constituye recomendación de inversión.
Como renta del ahorro, en una escala por tramos separada de las rentas del trabajo.
No, es un adelanto que se regulariza al hacer la declaración.
No. El traspaso entre fondos difiere el impuesto hasta el reembolso definitivo.
Aproximadamente: 72 entre la rentabilidad en porcentaje. Al 6 por ciento, unos doce años.
Un punto anual se come buena parte del resultado a treinta años. Pregunta por los gastos totales.
No.